Un final daba comienzo y la tristeza empezaba a invadirlo todo. A ella se le unirían, también, el dolor de la traición y, después, el desaliento. Terminaba así el verano, como terminan tantas otras cosas: de forma consciente, pero inesperada. Igual que mi primera relación, que venía haciendo aguas desde hacía algún tiempo y decidiría llegar a desbordar en aquel pequeño pueblo de la Costa Brava. Llegada a puerto Si …


