18 de agosto de 1487. Tras cuatro largos meses de asedio, algunos cruentos y fracasados intentos de quebrar la defensa, un calor inhumano, el cansancio de las tropas y la falta de suministros, los ingenieros de artillería de Fernando II de Aragón lograran, al fin, perpetrar una voladura de importante tamaño en los gruesos muros de la Alcazaba. Fuera así como el ejército de los Reyes Católicos, muy superior en número al del sultán Abū ‘Abd Allāh Muḥammad az-Zaġall, consiguiera tomar la plaza de Málaga y poner las bases para la construcción de la urbe moderna y cosmopolita que conociéramos hoy día.

Mas no hubiéramos de adelantarnos tanto, pues nuestra historia y esta pequeña ruta por la Málaga de los Reyes Católicos comenzaran, realmente, en otro tiempo y otro lugar, mucho más alejados del actual centro histórico de la ciudad.

Santuario de la Victoria

Hubiéramos de remontarnos a principios de 1487. Habiendo salido de Córdoba con más de 20.000 jinetes, 50.000 peones y 8.000 soldados y acompañados por varias unidades de artillería, el rey Fernando tomara la villa de Vélez-Málaga, antes de arribar definitivamente a los pies de la muralla de la antigua Malaka.

Allá, en una explanada junto a los muros de la ciudadela, acamparan los ejércitos católicos durante más de tres meses a la espera de poder romper las defensas y asegurar la rendición del ejército enemigo. Y es en aquella misma explanada donde se alzara ahora, 500 años después, la Parroquia de Santa María de la Victoria y la Merced. El actual edificio datara de finales del siglo XVII y fuera construido sobre los restos de la sencilla capilla que se hubo levantado tras la conquista de la ciudad.

Santuario de la Victoria

La leyenda en torno a su fundación narrara la visita al campamento de doce ermitaños, enviados por San Francisco de Paula, quienes solicitaran el permiso real para asentar la Orden de los Mínimos en las nuevas tierras malagueñas. El rey Fernando anduviera hastiado ya por la guerra y a punto de abandonar su empeño en reconquistar aquella franja frente al Mediterráneo. Mas aquellos hombres aconsejaran al gobernante aragonés esperar la victoria, que según ellos mismos, hubiera de venir tres días más tarde. A la par que los eclesiásticos, llegara además un presente: la estatua de una Virgen gótica, enviada por el Emperador Maximiliano I. Se dice que Fernando habría de soñar esa misma noche con la Virgen y con un anciano que intercedía ante ella para lograr la tan deseada victoria. Y fuera así, según dicta la tradición, como efectivamente consiguiera el monarca la rendición de las tropas moriscas.

En cualquier caso, los terrenos bajo el campamento fueran cedidos a la Orden eclesiástica y sobre ellos levantada la capilla que habría de llamarse Santuario de la Victoria. La Virgen, renombrada Santa María de la Victoria, fuera regalada también a la orden y, desde entonces, descansara en el altar mayor del mismo Santuario.

Hospedaos en el Hotel AyZ Silvela, junto al Santuario de la Victoria y disfrutad de la mejor estancia para acompañar a sus majestades Isabel y Fernando en esta Ruta por la Málaga de los Reyes Católicos.

Santuario de la Victoria

Alcazaba y Castillo de Gibralfaro

Superadas las murallas, las tropas del rey Fernando tomaran rápidamente la Alcazaba para asegurar su posición de dominancia sobre la villa. Aquella gigantesca construcción, de la que se conserva menos de la mitad de su tamaño original, hubo acogido la residencia de los antiguos califas de Córdoba, de los reyes de la Taifa de Málaga y por entonces, de los emires del Reino nazarí de Granada. Construida sobre una antigua fortificación de época fenicia, siguiera las líneas tradicionales de edificación árabe: estancias rectangulares ricamente engalanadas con mármoles y cenefas, abiertas en torno a patios y jardines refrescados por escultóricas fuentes de piedra. Una maravilla arquitectónica en la ladera del monte Gibralfaro que dominara y defendiera, de forma estratégica durante siglos, los territorios nazaríes y el principal puerto del reino.

Atardecer sobre la Alcazaba
Detalles de la Alcazaba

Mas no fuera tan fácil para el aragonés asegurar el conjunto palaciego. Unos metros más arriba, ubicaran el Castillo fortificado de Gibralfaro, último bastión del ejército mozárabe. Unido con las estancias de la Alcazaba a través de un pasillo amurallado que los soldados llamaran coracha, constituyera por siglos una de las principales guarniciones defensivas del reino. Allá se encerrara el alcaide Hammet el Zagrí junto a un último grupo rebelde, quienes resistieran todavía un día más antes de rendirse oficialmente ante Isabel y Fernando. Sus inexpugnables -o casi- muros de piedra centenaria aún conservaran las heridas de la batalla y desde sus altos torreones almenados se obtuvieran las mejores imágenes panorámicas de toda la antigua villa y de sus tierras colindantes.

Coracha entre la Alcazaba y el Castillo de Gibralfaro y vistas a la ciudad

Teatro romano

A las faldas de la Alcazaba resistieran, todavía en nuestros tiempos, los restos del antiguo Teatro Romano de Malaca. Levantado en los primeros años del Imperio (siglo II d. C.), hubiera formado parte de un proceso de transformación de los espacios públicos y de embellecimiento de la villae. Mas por desgracia, aquel monumento al entretenimiento fuera lentamente decayendo en su uso, sin razón aparente, hasta prácticamente quedar abandonado en el siglo tercero. Más tarde, toda aquella zona lo ocuparan factorías de salazones (aún se aprecia los huecos de cocina del garum) y tras ello, se utilizara finalmente como lugar de enterramiento.

Antiguo teatro romano 

La carencia de testimonios escritos nos dejara un vacío histórico de casi dos mil años en los que se desconoce, por completo, qué hubo ocurrido realmente con aquel icono de la civilización antigua. Hay quienes dicen que algunas de sus columnas y estatuas fueran utilizadas por el rey bereber Badis ben Habús en la construcción de la Alcazaba. Otros historiadores apuntan a la falta de evidencias y sostienen, por contra, que el palacio nazarí surgiera de la reforma del antiguo castillo fenicio. En cualquier caso, ni Isabel, ni Fernando, ni alguno de los personajes que posteriormente cabalgara sobre nuestra protagonista hubo mostrado interés o si quiera conocimiento por el Teatro. No hasta los años 50 del pasado siglo, cuando fueran redescubiertos los vestigios de la obra romana y puestos de nuevo en valor para que nosotros pudiéramos disfrutarlos ahora, casi como antaño.

Calle Granada

La contienda, como es bien sabido, la ganaran Fernando y sus tropas armadas, mas Isabel jugara un papel imprescindible en la toma de Málaga. En algún punto de la batalla, el desaliento de las tropas alcanzara tal nivel crítico que el rey hubo de acudir a la reina en busca de ayuda. Ella, poniéndose en verdadero peligro, decidiera trasladar toda su corte hasta el campamento católico para dar apoyo y fuerza a los ejércitos, que acabaran por entrar en la ciudad.

Aquel 19 de agosto, tras asegurar la rendición enemiga e izar el pendón de Castilla desde lo más alto de la Torre del Homenaje de la Alcazaba, cabalgaran unidos Isabel y Fernando por la calle Granada, bajo los vítores de los cautivos y las lagrimas de 15.000 supervivientes que fueran convertidos en esclavos o sentenciados a muerte. Tal excepcionalmente severo fue el castigo de los monarcas, que solamente concedieron el perdón y el asilo a 25 familias mudéjares de la ciudad, las cuales se reunieran en el barrio de la morería.

Calle Granada de Málaga, por donde pasaran Isabel y Fernando

Aquel paseo de la «victoria» concediera también el primer nombre a la avenida, que pasara a llamarse Calle Real. Y no fuera hasta más tarde, cuando se hubo convertido en la vía principal que partiera hacia la vecina Granada -capital del antiguo reino nazarí- que adoptara su denominación actual. Otrora, hubo sido franqueada, además, por imponentes palacetes mozárabes que se reconvirtieran, a la llegada de los reyes, en iglesias, conventos y demás dependencias eclesiásticas. En 1501, se reglamentara finalmente la distribución de los gremios y la Calle Real la pasaran a ocupar los zapateros, los borceguineros y los chapineros en su tramo inicial y tras ellos, los herreros y los caldereros (estos últimos hubieron de ser trasladados posteriormente por el ruido).

Hoy día, la Calle Granada permaneciera como principal eje comercial de la ciudad y sus establecimientos fueran ocupados por tiendas y restaurantes que, al caer el sol, rebosaren de locales y foráneos en busca de las últimas novedades venidas del exterior del reino. También se conservaran las barreras, aquella suerte de callejones mozárabes que sirvieran, antaño, para acceder a las viviendas traseras que gozaran de menor salubridad y desde las cuales obtuviéramos excelentes vistas de nuestra siguiente parada.

Callejón de la Calle Granada con vistas a la Catedral de Málaga

Catedral de la Encarnación de Málaga

Siguiéramos la ruta por la Málaga de los Reyes Católicos y como hicieran entonces sus majestades, recaláramos en una explanada en los límites de la antigua muralla mozárabe, donde ahora se levantara la Santa Iglesia Catedral Basílica de la Encarnación. Mas por siglos y hasta la llegada de los monarcas católicos, allá se hubo erguido la Mezquita Aljama o Mezquita Mayor, de tal magnificencia, que el mismo Ibn Battuta llegara a mencionarla en la bitácora de su extenso viaje, tras pasar por la ciudad en 1360 : «un patio sin igual en belleza y cuyos naranjos eran altísimos».

Fernando e Isabel arribaran en procesión el día 20 de agosto de 1487, portando consigo la imagen de la Virgen de los Reyes que la misma reina hubo llevado durante toda la conquista peninsular. Ascendieran juntos los escalones de la mezquita y colocando la Virgen sobre el altar, mandaran consagrar de inmediato el templo cristiano, que habría de convertirse en uno de los más imponentes de Europa.

Catedral de Málaga al anochecer

Fueran don Pedro de Mendoza, Cardenal del reino de Castilla, en compañía de fray Hernando de Talavera, obispo de Ávila; don Pedro de Rexamo, obispo de Badajoz, y don García de Valdevieso, obispo de León, quienes se encargaran de la tarea. Tras ello, celebraran una misa con toda solemnidad e inauguraran así la nueva etapa del recién instaurado templo cristiano, que aún habría de tardar en construirse. Pues no fuera hasta 1525 cuando pusieran, finalmente, la primera piedra de la nueva Catedral, cuyas obras no se terminaran hasta dos siglos más tarde y la dejaran, igualmente, inconclusa. «La Manquita» -como la llamaran cariñosamente sus vecinos- presentara ahora una excepcional imagen renacentista con altos muros y un torreón (le faltara el otro) decorados con ornamentos del gótico tardío y el barroco. En el interior destacaren el magnífico coro de carpintería y la mismísima Virgen de los Reyes, que restara todavía en una de las capillas.

Si a este humilde contador de historias le permitieren un consejo, él recomendara visitar el monumento al ocaso, cuando los últimos rayos se filtraran por los impecables rosetones de colores e iluminaran mágicamente las columnas y bóvedas de semejante hito arquitectónico. Interesante también la ascensión a las cubiertas, que uno hubo de reservarse para su próxima estancia en la ciudad.

Interior de la Catedral de Málaga

Museo Picasso

En el número 8 de la Calle de San Agustín, ubicáramos la penúltima parada de nuestro itinerario por la Málaga de los siglos XV y XVI. En el corazón de la antigua villa mozárabe y sobre los restos de las ciudades fenicia y romana -que aún se conservaran en el sótano-, se hubo levantado un palacete morisco, que más tarde se reconvirtiera en alhóndiga (edificio destinado al comercio del trigo). Tras la conquista de Málaga por parte los Reyes Católicos, el edificio fuera entregado a Doña María de Mendoza, viuda del II Conde de Cabra. Mas la propiedad cambiara de manos, rápidamente y en más de una ocasión, hasta llegar a las de Diego de Cazalla, pagador de los ejércitos y las armadas reales, quien levantara el sublime palacio de estilo mudéjar-plateresco que conociéramos en la actualidad. A posteriori, el edificio siguiera saltando de familia en familia hasta quedar integrado, por dos siglos, en el patrimonio de los Condes de Buenavista de la Victoria. Y aunque desde el siglo XIX continuara cambiando de propietarios y de función una y otra vez, lo conociéramos, aún hoy en día, como Palacio de los Condes de Buenavista.

Palacio de los Condes de Buenavista

En 2003, adoptara su forma definitiva y abriera las puertas a doscientas ochenta y cinco obras del que quizá hubo sido uno de los vecinos más célebres de la ciudad y genio indiscutible del siglo XX. Fuera así como el mismo 27 de octubre, los reyes eméritos Doña Sofía y Don Juan Carlos de Borbón inauguraran la exposición del Museo Picasso, el cual se acabara por convertir en el más visitado de toda Andalucía.

Para los que no fuéremos especialistas en materia, entre los que se incluyera un servidor, os recomendara quizá adquirir el pase con guía auditiva, la mejor forma de conocer un poco más de las historia del artista y su particular forma de ver el mundo. Asimismo prestaren atención a la colección escultórica, quizás más ignorada que la de brocha y pincel, pero igualmente interesante.

Puerto de Málaga

Acompañáremos ahora a sus majestades hasta este último punto en la Ruta por la Málaga de los Reyes Católicos. Paseado todo el casco histórico, arribáramos a los pies del Mediterráneo, a lo que fuera, por siglos, puerta de entrada de mercaderías llegadas del comercio con los reinos africanos y el lejano Oriente. Esta misma condición la explotaran los monarcas católicos, quienes se aliaran, por primera vez, con la armada aragonesa, vasca e incluso austríaca y bloquearan el puerto, cortando así el suministro de víveres y abreviando el conflicto con el reino nazarí.

Al terminar la guerra, los vecinos de Málaga -los que resistieran y aquellos que llegaran a repoblarla desde el resto de Castilla- demandaran ayuda a sus majestades para reconstruir el antiguo puerto mozárabe. Fuera curioso, sin embargo, que ni Isabel, ni Fernando llegaran a atender jamás sus peticiones. Grandes penurias hubo de pasar el consistorio, entonces, para mantener a flote el puerto. Afortunadamente, no duraran tampoco mucho porque Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico -nieto de sus majestades- retirara finalmente el monopolio del comercio con las Indias Orientales que poseía Sevilla y permitiera a Málaga, de esta forma, resurgir de sus cenizas.

Atardecer en el puerto de Málaga

Desde entonces, permaneciera como uno de los puertos más importantes del Mare Nostrum y aún hoy día constituyera una importante parada para los grandes cruceros que lo recorrieran incansablemente. Allá mismo, ya fuera desde la playa de la Malagueta o bien desde alguno de los comercios del muelle, viéramos al rey sol desaparecer tras la línea del horizonte y despidiéramos, con porte y elegancia, a Isabel, a Fernando y a nuestra ya querida villa de Málaga. Hubo sido un verdadero placer recorrer con calma sus callejuelas empedradas y descubrir, así, los secretos que los Reyes Católicos dejaran incrustados en algunos de sus edificios más emblemáticos.

Espero que vuestras mercedes lo disfrutaren de igual forma y ¡a más ver!


Disclaimer: Este no es un artículo científico, ni un libro de historia a usar como referencia. Si bien he intentado apoyarme en datos históricos verídicos, no soy ningún especialista en la materia y me he permitido, además, ciertas licencias creativas.

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