Entrando ya en la comarca del Bages, al norte de la provincia de Barcelona, emana de la tierra un curioso sistema montañoso de simas redondas y color caliza y de nombre: Macizo de Montserrat. Las leyendas narran el caso fortuito de un niño pastor al que se le apareció en una cueva, allá por el año 880, la imagen de la Virgen de Montserrat. Sería en aquel mismo lugar donde decidirían levantar, entonces, cuatro templos cristianos que acabarían por convertirse en la actual Abadía de Montserrat, uno de los mayores símbolos patrimoniales para el pueblo catalán y, ahora también, para los millones de visitantes internacionales que lo recorren incansablemente con su cámara en la mano.

Como destino excursionista habitual entre escuelas y familias de toda la región, lugar de peregrinaje para creyentes de todas las fes y religiones y nuevo objetivo de infinitas sesiones fotográficas, el atractivo entorno natural de Montserrat alberga una gran variedad de visitas culturales y actividades al aire libre, que su oficina de turismo ha hecho bien en listar y preparar para disfrute de todos. Yo mismo he visitado la montaña en múltiples ocasiones y hace unos años tuve la oportunidad, además, de prestar servicio como estudiante en prácticas en la recepción del Hotel Abat Cisneros, a apenas 20 metros del monasterio. De aquella maravillosa e instructiva experiencia, surgiría mi deseo de no volver a trabajar en el sector hotelero y también un puñado de anécdotas y rincones más o menos conocidos en lo alto del macizo, que ahora estoy dispuesto a compartir con vosotros. Así que leed con atención porque aquí os traigo una ristra de localizaciones, actividades y truquitos para sacar el máximo partido a vuestra visita fotográfica al Macizo de Montserrat:

Formas del Macizo de Montserrat

¿Cómo llegar a la Abadía de Montserrat?

El conjunto arquitectónico de la Abadía de Montserrat se encuentra en lo alto del macizo, a unos 720 metros sobre el nivel del mar y para acceder hasta su base, se puede hacer de distintas maneras:

1. A pie, partiendo desde Monistrol de Montserrat y siguiendo el Camí de Les Canales i L’Aigua (GR5/96). Ya los peregrinos del medievo que recorrían el Camino de Santiago y hacían parada en Montserrat utilizaban esta ruta ancestral para acceder al Monasterio. El camino no es extremadamente acusado, pero salva casi 600 metros de desnivel, así que se recomienda evitar las épocas más cálidas del año, hidratarse mucho y llevar calzado adecuado y ropa cómoda. El tiempo estimado: 1 hora 40 minutos.

2. En coche, partiendo desde el mismo Monistrol de Montserrat y a través del ramal BP-1121. En lo alto del Macizo, el Patronato de la Montaña de Montserrat ha habilitado un aparcamiento vigilado de pago (consulta aquí las tarifas), desde el cual se puede acceder cómodamente a pie hasta la entrada del Monasterio. Si tenéis problemas de movilidad, podéis pedir al guarda que os deje acercaros más y después regresar a estacionar vuestro vehículo. Igualmente, quienes se hospeden en lo alto de Montserrat dispondrán de descuentos especiales en el parking.

El entorno de Montserrat ofrece distintos acomodos para todo tipo de visitantes y bolsillos: Podéis alojaros en una de las habitaciones tres estrellas del Hotel Abat Cisneros. Si preferís más independencia, las Celdas Abat Marcet disponen de apartamentos completos para toda la familia. Para los más jóvenes y aventureros, el Albergue Abat Oliva se ha renovado recientemente y cuenta con habitaciones para hasta 10 personas. Además, a pocos metros de este último se encuentra el Área Deportiva y de Acampada de Montserrat. Para más información sobre cómo reservar en ella, podéis llamar al +93 877 77 77.

3. En tren cremallera o en el funicular «Aeri de Montserrat», las dos formas más fotogénicas e interesantes de acceder a la abadía. La línea R5 (Barcelona-Manresa) de los Ferrocarrils de la Generalitat, que parte desde Plaça España (Barcelona), os dejará en las estaciones de Monistrol de Montserrat y Aeri de Montserrat, desde donde tomar los dos respectivos servicios. El Aeri salva la vertical en menos de 5 minutos y el tren cremallera, por su parte, lo hace en unos 20 minutos. Podéis consultar todas las tarifas en la página web oficial del Monasterio. Eso sí: ¡cuidado quienes tengáis vértigo!

Funicular «Aeri» de Montserrat

Abadía de Montserrat

Por supuesto, cualquier visita a Montserrat debe empezar irremediablemente por su Abadía y más concretamente por la Basílica de Montserrat. Aunque la historia de su fundación es algo incierta, sí se conoce el nombre de aquellas primeras ermitas levantadas en la montaña durante el siglo noveno: Santa María, San Acisclo, San Pedro y San Martín. Las cuatro habrían competido -supuestamente- por imponer su influencia en la zona y al final, sería Santa María quien ganara la «reñida batalla» gracias a la acogida de la famosa talla de madera de la Virgen de Montserrat que, desde el siglo XII, pasó a descansar en su altar mayor.

La ermita se convirtió pronto en Santuario y a lo largo de los siglos posteriores fue ganando influencia hasta conseguir su independencia, primero del abad de Ripoll y después, de la congregación de Valladolid. En 1881, el Papa León XIII decidiría coronar la imagen de la Virgen y convertirla, de esta forma, en Patrona de Catalunya. Durante el siglo XX, el Santuario hubo de ser renovado, prácticamente en su totalidad, debido a los incendios sufridos durante las guerras napoleónicas y la desamortización de Mendizábal. De este último proceso constructivo nos ha llegado la hermosa fachada neoplateresca de la basílica y el claustro neorrománico de nuestro siempre preferido Josep Puig i Cadafalch.

Plaza principal del Santuario
Fachada de la Basílica

Dos anécdotas curiosas sobre la historia del Santuario:

Los primeros testimonios de la presencia de una Escolanía infantil en el monasterio datan de 1223, hecho que la convierte en la más antigua de toda Europa.

En 1493, Bernat Boíl -ermitaño de Montserrat- acompañó a Cristóbal Colón en su segundo viaje a América y ayudó a propagar ese intenso culto a la Virgen que se da todavía en el continente americano.

Y un consejito fotográfico: si vais a entrar a ver a nuestra Señora de Montserrat, llevad la cámara preparada con todos los ajustes porque se suele formar bastante cola y no dispondréis de mucho tiempo frente a ella. «La Moreneta» se encuentra sentada en un trono dorado, en un camarín privado sobre el altar mayor, al que se accede por una puerta y una escalerilla laterales. El espacio está en penumbra, así que ajustad la ISO, abrid bastante el obturador y bajad un poco la velocidad de obturación.

Santa Cova de Montserrat

Esta era una de las visitas que yo personalmente más recomendaba cuando los huéspedes me preguntaban qué podían hacer tras visitar el monasterio. Se trata del lugar exacto dónde -se dice- la Virgen se apareció al pastorcillo y en cuya cueva se construyó, a finales del siglo XVII, una pequeñísima capilla que se encarama a la pendiente de roca. Desde la plaza que hay frente a la estación del cremallera, da comienzo el Camino de la Santa Cova y el Rosario Monumental, que en una media hora (1,5 km), os dejará en esta cueva. Durante el recorrido, os iréis encontrando con distintos grupos escultóricos que representan los misterios del rosario y que sirven para preparar a los peregrinos para rezar las plegarias frente a la talla de la Virgen que se encuentra en el interior de la capilla (una copia de la original).

Entrada a la Santa Cova
Virgen de Montserrat

Aunque no seáis creyentes, este paseo merece igualmente la pena. El pequeño oratorio, siempre en silencio y apenas iluminado por las velas de colores que los pocos feligreses acuden a encender, desprende una calma y un misticismo propios únicamente de aquellos lugares en los que la naturaleza, el hombre y sus ritos ancestrales han convivido en armonía por muchísimo tiempo. Si no es por ese motivo, las impresionantes vistas, que desde toda la ruta se obtienen, harán las delicias de cualquier fotógrafo y modelo amateurs. Y aunque desafíe un poco más vuestras habilidades fotográficas, os recomiendo especialmente que vengáis cuando el cielo esté gris. Creedme: la espesa neblina aferrándose a la montaña y el contraste de colores ocres y carmesíes de la capilla aportarán al ambiente ese je ne se quois que todos buscamos en nuestras composiciones.

Santa Cova de Montserrat

Creu de Sant Miquel

Este es, quizás, el segundo de los viewpoints más impresionantes de todo el conjunto monástico. Para llegar hasta él, hay que tomar el Camí de Sant Miquel, una ruta muy suave y agradable que parte desde la misma plaza del cremallera -ahora en dirección contraria- y conduce hasta la pequeña Ermita de Sant Miquel; lugar desde donde los peregrinos medievales venidos de Collbató alcanzaban a ver por primera vez el Santuario de Montserrat. Un poco antes de llegar a la ermita, un camino se desvía a la izquierda y descarga sobre un vertiginoso risco a 770 metros de altitud.

Creu de Sant Miquel

La cruz, de hierro forjado y unos cuatro metros de altura, descansa sobre una pilastra escalonada de piedra caliza en medio de la plazoleta, en un intento por imitar las cruces que acostumbraban a coronar los montes de esta particular serranía. Aunque no tiene mayor interés patrimonial, es una parada casi obligatoria por las espectaculares vistas que se obtienen de todo el Santuario, de los Pirineos y en días muy claros, incluso del Delta del Llobregat. El mejor momento del día para visitarla: sin duda, durante la golden hour. Cuando el astro rey empieza a tornarse para descansar tras las montañas, sus últimos rayos luchan por escabullirse entre las grietosas simas e iluminar el cuerpo divino del Monasterio y las pequeñas casas asomadas al Llobregat, allá en la parte más baja del valle. Una experiencia única para disfrutar, como siempre, cámara en mano.

Vistas desde la Cruz de Sant Miquel

Sant Jeroni

Si hemos ido de lo más cercano, a lo más alejado, de lo más suave a lo más empinado y de lo más sencillo a lo más dificultoso, nuestra última visita nos llevará a escalar el punto más elevado de toda la serranía de Montserrat. Una ruta de 7 kilómetros, 2 horas y media y 500 metros de desnivel negativo para coronar los 1.257 metros de altitud de Sant Jeroni. Mas si no es un paseo apto para todos los públicos, tampoco conviene asustarse. Con un estado físico medio y un par de litros de agua, no habrá nada que os detenga en esta pequeña excursión a los cielos de Montserrat.

El recorrido comienza de nuevo a los pies del Camí de Sant Miquel. A nuestra derecha queda ahora la estación inferior del Funicular de Sant Joan, que nos permitirá salvar el primer gran desnivel de la ruta. Este no está incluido en el billete del tren cremallera y tampoco es especialmente barato, la verdad. Si no queréis apoquinar, siempre podéis hacer el mismo trayecto a pie y dar un poquito más de rodeo; pero yo os recomiendo que os apretéis un poco el cinturón y disfrutéis cómodamente de las vertiginosas panorámicas que se obtienen desde las cabinas transparentes del funicular. Os lo aseguro: es toda una experiencia montserratina en sí misma.

Funicular de Sant Joan

El primer ascenso termina en el conocido como Pla de les Taràntules. Allí, a mano derecha, da inicio el sendero, que en un paseo de una hora, os dejará en la cima de Sant Jeroni. Durante el trayecto, tendréis la oportunidad de vislumbrar algunas de las célebres formaciones pétreas que dan nombre a Montserrat («monte serrado» en castellano) y que los elementos se han encargado de moldear a su antojo durante siglos. Y es que toda esta zona, que hoy pertenece al Geoparque Mundial UNESCO de la Catalunya Central, estaba ocupada hace 36 millones de años por un mar interior que erosionó el relieve para construir las montañas que hoy conocemos como Montserrat y Sant Llorenç del Munt. Por eso, no es extraño encontrarse por el camino restos de conchas y caparazones fosilizados en la roca, que es muy importante no llevarse a casa, y que adornan un paisaje, ya de por si, insólito. Un paisaje que ha quedado bosquejado por encinas, robles, tejos y una amplia variedad de matojos mediterráneos y tañido por los cánticos de vencejos, aviones roqueros y treparriscos, con los que es difícil no quedarse ensimismado.

Les «Gorres» de Montserrat
Camino hacia Sant Jeroni

Poco antes de llegar al final del sendero, nos topamos con la Capilla de Sant Jeroni. Esta fue construida en 1891 para suplir las funciones de la antigua Ermita de Sant Jeroni, que había sido destruida por el ejercito francés a principios de siglo. Aunque tampoco ejerció sus actividades eclesiásticas durante mucho tiempo. Sobre los restos de la Ermita inauguraron, en 1929, un restaurante, cuyos dueños empezaron a utilizar la capilla como almacén. En los años 60, el restaurante cerró y la capilla quedó también abandonada. Y así ha seguido hasta nuestros días. Un ejemplo más de las múltiples historias que se han sucedido y que se seguirán sucediendo en cada recodo de esta inmensa montaña.

Una anécdota: La afluencia turística impulsó la construcción, en los años 20, de una línea de teleférico que salvaba la pendiente hasta lo alto de Sant Jeroni. Una línea que se convirtió en una de las obras de ingeniería más importantes de la época y en el teleférico con más pendiente de Europa, con una inclinación del 200%. EL Aeri de Sant Jeroni estuvo en funcionamiento hasta 1988, cuando cerró finalmente sus puertas y se desmanteló debido a las nuevas normativas medioambientales y a los altos costes de mantenimiento. Hoy día, no quedan a penas rastros de su existencia. Solamente se conserva una cabina en la plaza de la estación de Monistrol Vila y algunas partes de la estación superior, en el centro de Telecomunicaciones de Sant Jeroni.

Desde la Capilla, ya solo nos aguardan unos pocos escalones para arribar al mirador de Sant Jeroni. Y es aquí donde se hace realmente difícil soltar la barandilla y mantener una respiración pausada frente las vistas absolutamente alucinantes que se alcanzan a obtener de todas las planicies catalanas, del mar Mediterráneo e incluso de las Islas Baleares. No podemos hacer otra cosa más que abrir bien los ojos, disfrutar del espectáculo, apuntar con la cámara e intentar guardarlo todo en la memoria.

Vistas desde Sant Jeroni

De regreso, podéis tomar el mismo camino hasta el Pla de les Taràntules y descender en el Telecabina o desviaros y recorrer el Camí Vell de Sant Jeroni, salvando los casi 1.000 escalones que os separan de la Abadía de Montserrat. Aunque sea cuesta abajo, este recorrido circular es mucho más sufrido que el primero, cierto; pero bien merece la pena por las vistas que se van obteniendo de la parte frontal de la Basílica, conforme os vais acercando al final del trayecto. También por el cruce a través del Pas dels francesos, una verticalísima y estrechísima escalinata por la que accedieron las tropas napoleónicas en la ocupación del Monasterio en 1811 y que vale la pena recorrer en primera persona.

El camino desemboca, finalmente, en la Plaça de l’Abat Oliva; en cuyo bar terminar la jornada repasando -refrigerio en mano- todas las aventuras acontecidas a lo largo y ancho de la Sierra de Montserrat. Un lugar tan especial y con tanto por fotografiar, que esta primera visita seguro os dejará con muchísimas ganas de más. Y es que ya sabéis lo que se dice: «a Montserrat, tothom que hi ha anat bé, n’ha tornat» (A Montserrat, todo el que ha ido bien, ha vuelto). Así que dejad la cámara preparada, que en cualquier momento volvemos para seguir escalando las históricas simas de Montserrat.

Vistas de la Abadía de Montserrat

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