¿Por dónde empezar? ¿Cómo decir qué ha supuesto 2021? WOW ¿Un año de transición? ¿De cambios? ¿De inicios? ¿De finales? ¿Un caos total?. De todo un poco y probablemente de nada en absoluto. Por supuesto, tras el desastroso parón de 2020, 2021 lo empezábamos todos con cierta preocupación y a marcha forzada. Estábamos ansiosos por abrir las puertas de casa y salir corriendo, pero nos preocupaba no correr lo suficientemente rápido o tropezarnos por el camino. Después, durante el año, sí que nos hemos encontrado muchos baches y a medida que pasaban los meses, también se nos ha ido empinando cada vez más el camino (no podemos negar la vorágine de estas últimas semanas) pero aun así, creo que hemos conseguido avanzar, ni que sea, unos cuantos pasos y veo cómo por ello, la gente lo ha afrontado al menos con mejor humor y más ganas que el año pasado. Y oye, tal y cómo estamos, eso ya es mucho decir.

A título personal, este sin duda ha sido un año decisivo para mi «carrera profesional»; y es que en mayo terminaba, por fin, el Grado de Turismo. Sí, lo sé, un gran año para licenciarse en esta especialidad (nótese la ironía). Aunque más allá de eso y tras 4 años de educación universitaria a precios elitistas, todavía no sé realmente si me siento preparado para afrontar «la vida real». Y tampoco creo que podamos culpar por ello a nuestro cuñado COVID. Desde luego, no criticaré nuestro sistema educativo, pues podría tardar horas y no estamos aquí para eso, pero definitivamente he descubierto qué suma valor a nuestra sociedad y qué no lo hace. Aun así, he tenido que pasar por esta experiencia para descubrir cuál es mi verdadera vocación y poder invertir todas mis energías (y más dinero) en ello. Estos 4 años blogueros también me han ido dejando algunas miguitas de pan y tras seguir el rastro de forma inconsciente, me he visto a mí mismo apuntándome a un Máster en Periodismo de Viajes para el próximo curso 2022. Qué me toparé en esta nueva etapa y qué oportunidades laborales se me abrirán, todavía está por ver, pero algo sí tengo claro: pienso aferrarme a la narrativa de viajes y no soltarla ya nunca jamás (si bien nunca digas nunca). ¡Estoy impaciente!

Aunque buenos nos hemos adentrado quizás demasiado en 2021 y hemos olvidado qué aventuras sucedieron a principios de año, que sino muchas, sí que hubo alguna y la verdad que muy interesante:

Entre enero y febrero volvieron a confinarnos municipalmente (otra vez), así que aproveché para visitar un lugar en mi querida Terrassa, que había descubierto no hacía mucho y que me moría de ganas por conocer: El conjunto monumental de Sant Pere de Terrassa o La Seu d’Ègara. Estas tres iglesias construidas a partir del siglo V sobre restos romanos e íberos, son literalmente únicas en su especie pues contienen una de las pocas muestras de arte visigótico en Europa y en el Mundo. La belleza de toda la obra es increíblemente difícil de describir y esos detalles perfilados en piedra hace más de 1300 años, son de una genialidad hipnótica. Pero es que el peso de la historia entre sus muros es tan sumamente abrumador… Mónica y yo salimos con la cabeza totalmente girada y sin haber podido comprender, del todo, la magnitud de lo que habíamos visto. No es de extrañar que ya hayan presentado la candidatura para unirse a la lista de Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. Crucemos los dedos para que le otorguen tan merecido reconocimiento y esta joya completamente desconocida del Vallès pueda salir a la luz.

Esglésies de Sant Pere de Terrassa
Pinturas murales de entre los siglos V – VIII de la Església de Sant Miquel

Algunos días más tarde, intentamos una subida a La Mola para ver el amanecer, que resultó tan fracasada (se levantó un día de lluvia y niebla), como divertida. Y prácticamente, esto fue todo en cuestión de aventuras para la primera mitad del año. Ya os había dicho que no había mucho que contar. Y es que por aquel entonces todavía arrastrábamos confinamientos temporales, restricciones, toques de queda y lo más determinante: estábamos todos estudiando y trabajando a la vez y yo mismo me enfrentaba a los últimos exámenes de la carrera y a un Trabajo de Final de Grado que, debo reconocer, no fue tan terrible como nos habían hecho creer.

Aunque obviamente, a pesar de nuestras ocupaciones, también tuvimos tiempo para soñar despiertos, y soñar MUY grande, y para planificar nuestras aventuras de la segunda mitad del año. A una de estas aventuras, se me unió mi amiga Roser y a finales de junio, partimos los dos hacia la ESPECTACULAR región de Las Cinque Terre, en la costa oeste de Italia. Fue, sin duda, un VIAJAZO en mayúsculas y muy especial por varios motivos: para empezar, era nuestro primer viaje juntos, nuestra primera aventura internacional post-pandemia y también nuestra primera vez en un avión desde hacía meses; pero más que eso, era un destino con el que yo había soñado muchísimo tiempo y poder compartirlo todo con una de mis mejores amigas, lo acrecentó todavía más incluso. Además, para ella, fue doblemente especial porque se trataba de su primera vez en Italia y aunque yo me emocionase sobremanera con el destino, fue más emocionante, si cabe, reconocer esa misma ilusión en ojos ajenos y poder compartirla. Fueron apenas 5 días, increíblemente fugaces pero extremadamente intensos, durante los cuales reímos muchísimo, comimos excepcionalmente bien, nos bañamos en el cálido Mediterráneo y disfrutamos del impertérrito encanto de la Riviera Italiana, de sus agrestes paisajes, de sus coloridos pueblos y de sus INDESCRIPTIBLES puestas de sol. Por favor, que alguien me lleve de vuelta.

Vernazza desde el sendero a Monterosso
Manarola al atardecer
Gruta de Lord Byron, Porto Venere

Pero lo curioso de la situación es que lo pasamos tan sumamente bien y es tan especial para mí haber hecho realidad este sueño, que me parece totalmente incomprensible no sentir en mi más profundo ser, que EL GRAN VIAJE de este 2021 haya sido Cinque Terre. Al contrario, habría de esperar – sin saberlo – hasta la primera semana de agosto para embarcarnos en el viaje que, sin duda, más marcó mi verano y mi 2021. Con mis queridas Valentina y Milenka, retomamos una de las propuestas para el verano del año pasado y realizamos una ruta en coche muy completita por el Algarve portugués. 3200 kilómetros de carretera y manta, algunas de las playas más bellas de Europa, manjares frescos a bajo precio, libertad de movimiento, sol, arena, puestas de sol que competían muy duramente con las italianas, encantadores pueblos empedrados… sí, todo eso y mucho más. Pero no es por ello por lo que volví tan enamorado de esta segunda estancia en el sur de Portugal. Es por una sensación que me acompaña desde entonces. Un sentimiento de paz, de estar en el agua, mecido por las olas y mirando al cielo y no pensar en que pueda haber nada más allá de ese momento, no pensar en nada en absoluto, de hecho. Un sentimiento como de estar viviendo en el más puro carpe diem y de ser consciente de ello y de estar tan relajado y tan en sintonía con el presente, que no importa que el viaje acabe y nuestro verano continúe lejos de allí, porque sabes que no lo podías haber disfrutado más y al mismo tiempo deseas que la siguiente aventura comience. Ese sentimiento y una buena ristra de recuerdos y fotografías es lo que me llevo del Algarve y de todo nuestro verano, que creo que este año volvió a sabernos, de nuevo, como antes de 2020.

Praia das Salamitras, toda para nosotros solos
Praia do Carvalho
Praia da Estaquinha

Más tarde, con la llegada del mes de setiembre y el fin del verano, volvíamos todos un poco a la rutina. Aunque para mí, una rutina bastante inusual; y es que tras más de 16 años estudiando, era el primer setiembre que no debía volver a clase. ¡No gracias, anuncios de la vuelta al cole del Corte Inglés! Y lo cierto es que se me hizo bastante extraño al principio no contar con ese punto de referencia, con esa constante en mi vida. Se me abría por delante un futuro completamente incierto, que me ilusionaba y me daba vértigo a partes iguales. Y no es que el apuntarme al Máster fuese para retomar esa sensación de tranquilidad y control, pero desde luego mis nuevos estudios me darán un tiempo extra para acabar de decidir qué es lo que quiero hacer en los próximos años post-académicos.

Además, todo este «nuevo tiempo libre» con el que he contado en el último cuatrimestre del año, lo he podido invertir en acabar de darle los últimos toques a esta nueva versión del blog (que personalmente me encanta), en repensar mi estrategia de redes sociales, las cuales ya están dando sus frutos, y en narrar con esmero todas las aventuras acaecidas durante el verano. Y sin duda, fue esa constante revisita de mis últimos destinos, tanto mirar las fotos y decidir qué quería contar y cómo lo quería contar – ardua la maldición de los bloggers de viajes – lo que hizo que me entraran tantas ganas de volver a colgarme la mochila y salir a la caza de nuevas aventuras. Eso y las bondades del otoño, que por primera vez en años (cántese esta última parte) tuve tiempo de admirar con calma. Así que con todo esto en mente y con la increíble e inesperada compañía de dos amigas del trabajo, Olga y Mónica, nos escapamos dos días y una noche hacia tierras leridanas para recorrer el impactante Congost de Mont-Rebei y alguno de sus aledaños rincones «sorpresa».

Vistas del Congost desde lo alto del sendero
Vistas desde la Ermita de la Pertusa

Obviamente, en esos escasos dos días, no tuvimos tampoco tiempo de hacer muchísimas actividades, lo que por otra parte nunca fue nuestro objetivo. Simplemente «nos conformamos» con el efecto reparador de una madre naturaleza vestida de ocres y carmesíes y de una jovial, entusiasta y enriquecedora compañía. Y aunque nos dejáramos algún kilómetro por recorrer para una futura segunda ocasión, volvimos con las pilas totalmente recargadas y listos para afrontar con ganas los últimos dos meses del año.

Unos meses especialmente fríos en comparación con años anteriores y que no han resultado «propicios» (tampoco le he puesto yo mucho empeño) para nuevas excursiones. Solamente ha surgido una nueva subida a La Mola para cerrar el círculo (esta vez bastante exitosa) y el resto del tiempo ha volado en el trabajo y en comidas, cenas, meriendas y cines con amigos y familia. Haber podido compartir todo este tiempo con aquellos a quien tanto quiero, es ciertamente otra de las cosas por las que debo dar las gracias este año.

Vistas de Montserrat desde La Mola

Y así de repente nos plantamos en diciembre y llegan las tan señaladas y esperadas fechas navideñas. Aunque hoy día 24 de diciembre, a más de uno y a más de dos se le habrá torcido el año. Se lleva toda la semana hablando de ello y ayer el Govern de la Generalitat aprobó finalmente las medidas de contención para estas fiestas: Toque de queda, limitación de 10 personas, límites de aforo, ocio nocturno cerrado, etc. Supongo que si hemos estado atentos a la evolución de la nueva variante en Europa y aun a pesar de estar lejos de las cifras de contagios de nuestros vecinos y liderar las de vacunación, no deberían habernos sorprendido mucho las medidas. Aunque eso no signifique que no nos duelan igual. Veremos si logramos frenar un poco esta tan tediosa e inoportuna sexta ola y empezamos el año con mejor pie.

No lo sé. 2021 ya se va, tan rápido como esperábamos que llegase. ¿Y 2022? Quiero hacer predicciones, planificar momentos y experiencias pero, ¿debería? ¿No hemos aprendido a caso a vivir en el momento? Sí, pero también algo amedrentados por el futuro, ¿no creéis?. Y yo la verdad es que no quiero vivir más con miedo. Si no puedo saber lo que me espera con certeza, al menos quiero pensar que serán todo cosas buenas y si vienen de malas, quiero que las afrontemos todos juntos y nos mantengamos siempre positivos.

En cuanto a aventuras, Budapest, la Vall de Núria, Marruecos… muchos nombres rondan nuestras mentes estos últimos días del año. Y eso me reconforta y me alegra sobremanera. Aunque quizás no lo parezca, quiero pensar que el mundo vuelve a abrirse delante de nosotros y que sólo hay que salir a recorrerlo de nuevo. Sí, una vez más, el próximo año se presenta incierto, con grandes cambios en nuestras vidas, con sueños por cumplir y muchísimos interrogantes. Pero sólo en nuestras manos está el volver a afrontarlos con buen humor. Al fin y al cabo, ¿qué podemos hacer?. Habrá que seguir hacia adelante, siempre recordando a todos los que ya no podrán hacerlo. Esperemos de verdad que «de les tristors en fem fum» y que «casa meva torni a ser casa vostra» (que de la tristeza hagamos humo y que mi casa vuelva a ser vuestra). Jaume Sisa. «Qualsevol nit pot sortir el sol»

Viajeros y viajeras muchísimas gracias por haberme acompañado un año más y ¡nos vemos en 2022 espero que con nuevas y emocionantes aventuras!

¡Cuidaos mucho, felices fiestas y feliz año nuevo!

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